El ictus sigue representando un importante reto para la salud pública, debido a su impacto en la mortalidad, la discapacidad y la calidad de vida de las personas y sus familias. La celebración del Día Nacional del Paciente con Ictus es, por tanto, una oportunidad para reforzar la importancia de la prevención, el reconocimiento oportuno de los signos de alerta y el acceso a una atención sanitaria adecuada a lo largo de todo el proceso asistencial.
La fisioterapia desempeña un papel importante en este contexto, empezando por promoción de la salud y prevención. Mediante la promoción de la actividad física, la educación sanitaria y la intervención en los factores de riesgo modificables, los fisioterapeutas contribuyen a reducir el riesgo de enfermedad cerebrovascular y a mejorar los conocimientos sanitarios de la población.
Tras un ictus, la intervención fisioterapéutica es decisiva para recuperación de la movilidad, la funcionalidad y la autonomía, También ayuda a reducir las complicaciones y a mejorar la calidad de vida. Para que esta intervención produzca los mejores resultados, debe iniciarse precozmente, adaptarse a las necesidades de cada persona y formar parte de una respuesta articulada entre niveles asistenciales.
La intervención fisioterapéutica no se limita a la recuperación de funciones corporales aisladas. Su objetivo es ayudar a la persona a volver a moverse con seguridad, a realizar las actividades cotidianas, a recuperar la independencia y a reanudar la participación familiar, social y profesional, siempre que sea posible. Por tanto, hablar de ictus es también hablar de la vida después del suceso y de la necesidad de garantizar la igualdad de acceso a la asistencia sanitaria.
En este día, creado a propuesta de la Sociedad Portuguesa de Accidentes Cerebrovasculares (SPAVC), la Orden de Fisioterapeutas reafirma la importancia de las políticas sanitarias que sitúan al prevención, recuperación funcional y participación en el centro de las respuestas sanitarias. Reforzar el acceso a la fisioterapia a lo largo de las distintas fases de la enfermedad significa invertir en mejores resultados sanitarios, menos discapacidad y una mejor calidad de vida para las personas afectadas por un ictus.